martes 12 de abril de 2011

Elogios y aplausos.




No hay nada más natural que sentir la necesidad de expresar a nuestro hijo lo maravilloso que nos parece: aplaudir cuando consigue subir al tobogán más alto, darle un buen achuchón cuando recoge su cuarto después de jugar o deshacernos en elogios con el orgulloso dibujante que ha conseguido hacer unas flores de lo más originales.
De hecho, es muy sano hacer saber a nuestros hijos que su tesón, su esfuerzo y sus capacidades personales (cada niño las suyas) nos encantan, porque lo que nos gusta es él: esa pequeña personita que crece y nos sorprende cada día con nuevas cualidades.
Sin embargo, al igual que sucede con los “te quiero”, los halagos deben salir del corazón para que realmente nutran su autoestima y le aporten la información que necesita para crecer.


¿QUÉ ESPERAMOS DE ELLOS?

Un elogio no puede separarse de la persona que lo emite y, por ese motivo, no es lo mismo que los aplausos vengan de papá o mamá, que de la tía Margarita a la que apenas conoce: sin duda, la aprobación de papi o mami valen el doble.
Y es que las palabras bonitas y los halagos (“pero qué bien le das al balón” “qué dibujo tan bonito” “me encanta cómo te atas los zapatos” ), nos guste o no, llevan siempre consigo un juicio de valor por nuestra parte y, por tanto, están condicionados por las expectativas que tenemos puestas en nuestros hijos.
Así, de forma más o menos consciente, nos convertimos en la “unidad de medida” y solemos esperar que nuestros retoños sean parecidos a nosotros o, por el contrario, que sean aquello que nosotros no logramos ser: más o menos ordenados, pacíficos, lanzados.. que se les den bien los números o que tengan una especial facilidad para la música.  
Y cuando, de manera fortuita o guiados por nuestros consejos, los pequeños dan en el clavo de nuestros deseos… ¡bravo! papi y mami sonreímos, aplaudimos y vitoreamos a nuestro esforzado chiquitín.

Tres tipos de expectativas:

a)“Me gustaría que fuera como su hermana, extrovertida y graciosa” “Se porta tan mal que no tengo nunca motivos para felicitarle”
Las expectativas irreales (por inalcanzables) frustrarán a nuestro hijo y condicionarán nuestra aprobación a un imposible. No podemos pretender que nuestro hijo sea quien no es.

b)“Es él quien se tiene que sentir orgulloso de haber terminado el puzzle, no yo” “No sé por qué tengo que decirle lo bien que hace las cosas a cada momento: su obligación es esa y no voy a darle un premio por ello”.
La ausencia de expectativas (es decir, que ninguno de sus logros nos haga especialmente felices o que no se lo comuniquemos) le transmiten falta de interés y poca confianza en sus capacidades. Para un niño (y para un adulto) puede ser muy doloroso no escuchar nunca un “qué bueno eres en esto”.


c)“Sería estupendo que se acordara de dejar los zapatos en su sitio al llegar del cole” “Me gustaría que mi hija aprendiera que a veces hay que esperar para conseguir lo que uno quiere”
Las expectativas razonables (es decir las adecuadas a su edad, nivel madurativo y estado emocional) son aquellas que nos sirven de guía para orientar a nuestro hijo hacia logros que puede conseguir y que benefician su crecimiento.


LOS HALAGOS ¿EN REALIDAD SON NECESARIOS?

Definitivamente sí, por varios motivos:

● Le proporcionan al pequeño información sobre la idoneidad o no de sus conductas y son un reconocimiento a sus esfuerzos: “bravo, ya casi estás terminando esa torre” “¡te estás haciendo ya muy mayor! hoy te has lavado las manos antes de comer y lo has hecho ya solita”.

● Le dan al niño información sobre sí mismo, su persona: “hoy has sido muy valiente en el momento de la vacuna” “me encanta cómo escoges los colores para hacer tus dibujos, tienes buen gusto” o “una de las cosas que más me gustan de ti es lo cariñosa que puedes llegar a ser”.

● Le ayudan a saber qué esperamos de ellos: “¿sabes que? hoy has estado genial en la biblioteca esforzándote por hablar bajito: me encanta que podamos ir ya juntos a tantos sitios”.

● Todo el mundo necesita saber que aquellos a quienes más quiere aprueban y valoran su forma de ser y hacer las cosas. Un halago es una forma más de decir “te quiero”.


UN APLAUSO ESPONTÁNEO

Más que hacer una lista de conductas que merecen nuestra aprobación (muchas de las cuales seguro que además tienen pocas probabilidades de ocurrir) y esperar en silencio a que el pequeño dé en el clavo, lo que tendríamos que hacer es observarle y dejarnos sorprender por las muchas cosas que el pequeño hace bien a diario y de forma totalmente espontánea (coger con cuidado su vasito de agua, jugar en paz con su hermana, hacer una linda figura de plastilina, pedir algo por favor…) y señalárselas con todo nuestro cariño como una forma de decirles “¡eso es!: por ahí vas bien, me gusta cómo eres y cómo haces todas estas cosas”. Hasta el más revoltoso, despistado o perezoso tiene cualidades y conductas que, aunque no encajen exactamente con lo que esperamos de él, son  positivas, elogiables y constituyen un primer paso para mejorar.

Existe una gran diferencia entre un “muy bien” que comunica un aplauso por su forma de ser o por algo que hizo espontáneamente, que un “muy bien” que responde solamente a una necesidad de control paterno.


UNA FORMA DE ATENCIÓN

Cuando ponemos el listón demasiado alto o estamos demasiado pendientes o preocupados de sus travesuras o su desobediencia, los halagos no abundan y, por tanto, el pequeño recibe pocas muestras de valoración positiva de sí mismo y sus actos. 

Más bien al contrario, cuando andamos más pendientes de lo “negativo” que de lo “positivo”, el pequeño suele recibir bastantes muestras de desaprobación (“muy mal, esto está todo desordenado” “no te metas con los pies descalzos por ahí” “os estáis portando fatal hoy” “deja ya de tocar esas revistas”) por lo que la única atención (e información sobre sí mismo) que recibe por nuestra parte está codificada en forma de reproche y sólo la recibe cuando la “lía parda”.
A este tipo de conducta paterna en realidad constituye un tipo de reforzamiento y, paradójicamente, en ausencia de elogios y halagos (que son también refuerzos) tiene exactamente el efecto contrario al deseado: el pequeño repetirá una y otra vez aquellas conductas que señalamos negativamente, ya que esa es la única manera que tiene que conseguir nuestra  atención.

¿Les decimos a nuestros hijos lo “guays que son” cuando resuelven un conflicto entre hermanos, negocian un juguete con su amigo, tararean una cancioncilla en la bañera, se interesan por nuestro catarro, dan los buenos días con una sonrisa o juegan sin hacer ruido mientras papi duerme la siesta?  Prestarles atención  cuando hacen las cosas bien o simplemente cuando están sacando lo mejor de sí mismos, decírselo con todo nuestro cariño y hacerles saber lo bien que son capaces de funcionar en la vida son algunas de las claves de la buena educación.


Violeta Alcocer, psicóloga.
Copyright Ser Padres Hoy
Ilustración: Xuxulanstrum

12 comentarios:

Elena dijo...

Hola Violeta. Gracias por tu blog, lo he descubierto hace poco a través del blog de Buenos Tratos de Jose Luis, que sigo también. Soy madre de un hijo adoptado por nosotros cuando tenía año y medio. Ahora tiene seis. Si en todo niño esto que cuentas es importante aplicarlo, más aún en un niño que ha sufrido un abandono nada más nacer por parte de su familia biológica y que tiene que ir reconstruyendo un mundo emocional que está un poco trastocado. Elogiarlo continuamente sin parar, aún a riesgo de ser pesada, es algo fundamental para su autoestima, seguridad y para saber que siempre estarás ahí, pase lo que pase, que tu amor y cuidados son incondicionales, todo para que vayan viendo la estabilidad de la familia, cosa que no han conocido porque para ellos ese concepto ha sido siempre variable y no ha habido una persona estable e incondicional.
He leído también tu post sobre la escuela. Habría mucho que hablar sobre el tema, creo firmemente en todo lo que dices, creo que la mayoría de las escuelas y la mayoría de los profesores no están preparados para tratar con todo tipo de niños, tratar la diversidad, la multiculturalidad, niños que son de padres separados, niños adoptados, familias monoparentales, familias reconstituídas, hay muchas realidades sociales diferentes a las que había hace años y no hay un avance lógico para ir al día con ello, ni en conocimientos, ni en técnicas ni en forma de tratar y de hacer que a los niños les guste aprender, es lo que tú dices: se educa más en conseguir unos objetivos y no en disfrutar durante el camino antes de llegar al resultado. Se debería centrar más la educación en el fomentar el gusto por aprender. Yo con mi hijo he tenido experiencias de todo tipo en el colegio, con muchas no he estado de acuerdo y a veces me he tenido que enfrentar con algún que otro monitor o profesor. Pero bueno,esa es otra historia.
De nuevo gracias, me apunto tu blog como otro a seguir. Un abrazo.

Carol dijo...

Yo creo que siempre que el halago sea sincero y sea cuando el/la niñ@ ha conseguido hacer algo que el/ella quería no le estaremos imponiendo nuestros gustos.

Olives and Pickles dijo...

Tu blog tiene muy buena informacion.
gracias
patty
www.olivesandpickles.blogspot.com

Anónimo dijo...

Lo más difícil en la crianza es dejar que nuestros hijos "sean" y calibrar los efectos de nuestras acciones. En este blog siempre encuentro una manera "sencilla", razonable y tierna de hacerlo.
Es maravilloso. Enhorabuena

Ale dijo...

Lo preocupante sobre Elogiar a nuestros hijos es que al final de cuentas es un JUICIO. Un juicio bueno si, pero todo el que es capaz de emitir un juicio bueno es también capaz de emitir un juicio malo.
Los elogios entre iguales (de adulto a adulto) no tienen reelevancia. Pero un elogio desde el padre hacia el hijo lleva implícita la Condicionalidad ("estoy contento cuando haces"...no está lejos de "te amo cuando haces...")...En palabras de Afie Kohn (en su libro "Paternidad incondicional"):

"si perciben que les estamos poniendo evaluaciones, eso puede fácilmente excluir sus propios instintos sobre cuándo y por qué sentirse orgullosos de sí mismos. Muy pronto podrían llegar a definir el valor de lo que hacen en términos de si obtienen nuestra aprobación o, más tarde, la aprobación de otras personas con autoridad".

En cuando a la "necesidad" de elogios de los nenes adoptados, yo pensaría que es al revés, precisamente, generalizando, necesitan lo que todos los niños: no es elogios sino AMOR INCONDICIONAL. Amarlos hagan o no hagan lo que nos gusta (teniendo en cuenta que la mayoría de las veces "lo que nos gusta" es lo que "nos facilita" la vida como padres de "niños buenecitos")

Armandilio dijo...

Hola, te enlazo una vez más en Bebés y más, por lo grande que eres.

http://www.bebesymas.com/recursos-en-la-web/blogs-de-papas-y-mamas-lxii#c49593

Violeta Alcocer dijo...

Muchísimas gracias Armadilio, y a todos los demás por leer y participar.
Un abrazo!
Violeta

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Quizá porque para mí, cuando los he recibido de mis padres, amigos y personas significativas, han sido importantes en la configuración de mi autoestima, considero los elogios para el niño como el agua para las plantas: vitales. Medicina para un óptimo desarrollo emocional. Siempre y cuando no exista un exceso en los mismos y se haga de manera adecuada y en los momentos oportunos. Un exceso de riego terminaría por ahogar a la planta.
Los elogios -estoy de acuerdo- son un juicio positivo. Y también cabe el negativo. Pero los niños necesitan juicios (que son valoraciones) positivas de sus padres. En mi etapa de psicólogo escolar observaba en los profesores y en los padres un déficit acusado de elogios y un exceso de crítica, convencidos muchos padres de con ésta, el niño reaccionaría. Sucedía todo lo contrario. Creo que los padres deben aprender a elogiar (y Violeta nos ha dado una clase en este sentido) y también a criticar las conductas de los niños. Porque una crítica bien hecha puede terminar siendo un juicio positivo, sobre todo si es constructivo y se hace a la par que se refuerzan otras cualidades.
El amor incondicional para mí debe estar separado del elogio. El amor incondicional es transmitir al niño que le queremos y aceptamos con independencia de que aprobemos o desaprobemos lo que hace, nos guste o no nos guste lo que dice, estemos de acuerdo o no con sus ideas, compañías, hábitos, forma de vestir… Saber transmitir que no aprobamos su conducta pero sí a su persona (siempre le queremos y aceptamos, pase lo que pase) es muy difícil y todo un arte. A muchas personas les cuesta esto. Muchos padres refieren que no puedo querer o aceptar al hijo si hace lo que hace. En este sentido, una joven me decía: “De adolescente llegaba tarde muchas noches, saltándome el horario que mi madre me ponía; mi madre me decía: ¡Vaya horas de llegar! Vete a la cama y mañana hablaremos de qué ha pasado. Pero no me dejaba de dar el beso de buenas noches. Y a mí esto me ayudó a darme cuenta de que aunque no actuaba bien mi madre no me dejaba por ello de querer y me lo demostraba con ese beso que nunca me faltó” Otras personas dicen que no pueden dar un beso a su hijo en esas circunstancias, que si defrauda sus expectativas, no les sale. Son, en ese sentido, como un colega de profesión me dijo, “normópatas”
Gracias por hacernos reflexionar sobre este tema, Violeta. Te felicito por tu blog y por cómo escribes y transmites: con profesionalidad, sensibilidad y un saber hacer excelente.

Un abrazo,

José Luis

Lily dijo...

Hola, si te gusta la novela romántica, te invito a pasar a mi blog porque estamos celebrando un sorteo de dos novelas románticas. Espero que te apuntes. Un besito. Buen lunes.

El rincón de los sueños perdidos

Norma2 dijo...

Estoy de acuerdo con tus comentarios. He sido docente en Argentina, durante 40 años y entiendo perfectamente lo que tu dices.
Ahora me dedico a hacer conocer, en mi blog, todo aquello que me parece interesante.Espero tu visita
http://norma2-siempreesprimavera-norma2.blogspot.com
Cariñosos saludos desde aquí

daniel dijo...

Hola muy buen blog, ya que ud es psicologa me encantaria pasara por mi blog: tandementiracomolavida.blogspot.com atentamente: daniel. Venezuela

daniel dijo...

Hola me gustaria que como psicologa pasaras por mi blog y opines. la direcciòn es: tandementiracomolavida.blogspot.com

Gracias. Att: Daniel. Miranda-Venezuela