viernes 24 de septiembre de 2010

Malas madres. Buenas madres.



No suelo sentirme mala madre  pero, cuando lo hago, es cuando afloran aspectos de mi personalidad que no son precisamente amables y  de forma automática se los “coloco” a mis hijas sin que ellas hayan hecho nada especialmente grave para merecer, por ejemplo, mi mal humor, o mi falta de recursos para el manejo de una situación concreta. No creo que ellas tengan que pagar mis tensiones, aunque a veces y a mi pesar, lo hagan. Y tampoco creo que tengan que pagar mis limitaciones, aunque a veces y de forma obviamente natural, lo hagan. 

Aunque no me gusta, tampoco me supone un problema sentirme mala madre, porque de sobra sé que nadie “es” o “no es” nada que se sienta en un momento dado. Al igual que sucede con un niño cuando “hace algo mal” y ello no implica que el niño “sea malo”, las madres y los padres erramos a menudo y eso no extiende automáticamente la maldad  al ejercicio de todas nuestras funciones parentales.

Sentirme “mala madre”, de hecho,  me ayuda enormemente porque ese sentimiento me catapulta directamente a un periodo de reflexión (que puede durar desde unos minutos a unos días) en el que lo primero que hago es  detenerme a mi misma y por supuesto a mis conductas, revisar mis estilos educativos  en ese momento  y recolocarme en el sitio donde creo que una mamá competente debe estar.  Sentir que lo he hecho mal me pone a menudo en mi lugar, me ayuda. 

En cualquier caso, la bondad de una madre y un padre, a mi entender, no aluden a la bondad o maldad de su persona sino, más bien, a un adecuado y “bondadoso” ejercicio de sus funciones. E incluso, más que al ejercicio de lo directamente observable (dar teta o no darla, llevar al niño atado en el carro o pegado al cuerpo en un fular, dormir con él o llevarle a la cuna y un largo etcétera de opciones aparentemente incompatibles unas con otras, pero en realidad muy relativas) , yo me referiría a la bondad  materna y paterna como una serie de actitudes fundamentales ante la crianza de los hijos, entre las cuales destaco sobre todas las demás el respeto por sus necesidades según el momento evolutivo en que se encuentre y la capacidad de criar para la convivencia.

Desgraciadamente, una cosa es amar a nuestros hijos y otra muy distinta es conseguir comportarnos con ellos de forma amorosa. Lo segundo tiene mucho más valor que lo primero y, desde luego, existen muchas madres y padres que aman a sus hijos de verdad pero que son incapaces de traducir ese amor en conductas de respeto, empatía, contención y ayuda. De ahí que por el mundo camine tanta gente que no se ha sentido querida, pese a haberlo sido.  Lo segundo tiene también que ver con lo que yo entiendo por ser “buenos padres”.

Por eso, escudarnos en el amor (el que sentimos) a nuestros hijos para justificar conductas parentales inadecuadas o abusivas no es lícito y es posible que aquellas madres que se sienten agredidas cuando alguien cuestiona su metodología lo sienten así porque en algún lugar de su día a día se ha instalado esa incoherencia entre lo que sienten (amor) y la forma en la que están tratando a sus hijos sobre uno (o varios) temas determinados. Ser padres no nos da permiso para todo.

En cualquier caso y al margen de estas consideraciones preliminares, lo cierto es que en el día a día lo que valoramos (y juzgamos) en las demás madres y padres, por lo general,  son sus acciones, por encima de las actitudes que las motivan y por eso las mujeres llevamos años juzgándonos entre nosotras sin piedad: encontrar una “mala madre” ahí fuera nos convierte, automáticamente, en mejores madres a las demás. 

Y así, el “bando de las buenas” y el “bando de las malas” es en realidad una zanja cavada por nosotras mismas, las mujeres, y que yo creo que obedece a la necesidad de exorcizar la madre mala que todas llevamos dentro y aferrarnos desesperadamente a una buena imagen de nosotras mismas.  De hecho, todas, unas y otras, de ser preguntadas responderíamos, sin dudarlo, que somos de “las buenas”.

Pero la cuestión es que la buena madre, de hecho, no existe. Al igual que no existe su contraria. Y digo no existe porque para el niño no existe, desde el momento en que esa madre una veces da y otras niega, está muy cerca y a veces muy lejos, a veces plena y otras vacía, muchas veces competente y otras tantas incapaz. Mamá, de ser algo, a veces es buena y otras es mala. 

Así que no tiene mucho sentido el empeño que tenemos las mujeres en posicionarnos en el “buen bando” y atrincherarnos en él interpretando todo lo de afuera como un ataque. Porque la pregunta es: ¿de qué nos estamos defendiendo en realidad? ¿qué nos agrede? Para mi la respuesta podría ser que nos defendemos de tener que cuestionar nuestras propias y arraigadas actitudes y que nos agrede la constatación de nuestras propias inseguridades y limitaciones.

De ahí la importancia de ser capaces de dejar a un lado nuestra orgullosa bandera de “buena madre” (a la cual nos aferramos con orgullo como si fuera un tesoro que alguien nos quisiera arrebatar cada vez que duda) y preguntarnos de vez en cuando si no nos estaremos equivocando en algo.

Porque perseguir una bandera que no nos incluya a todas, nos aleja del propósito más noble que tenemos entre manos, que es ayudarnos a crecer unas a otras y apoyarnos en lo que podamos para ser las mejores malas madres para nuestros hijos.


 Violeta Alcocer.
Ilustración: Mónica Calvo.


16 comentarios:

Rebe dijo...

Que bonita reflexión.

Cierto es que cada una de nosotras siempre hará lo que considera mejor para su hijo (eso sin duda) y dentro de ello habra personas que encuentren positivo lo que para otras será negativo. Lo malo, parece ser, que nos gusta echarnos tierra encima y que cuando alguien cuenta su experiencia o da su opinión parece que siempre hay otra persona se lo puede tomar como un ataque directo.

Todas nos equivocamos (yo la primera) y en nuestra mano está, como dices, reflexionar para mejorar.

Muchas gracias por tus aportaciones que siempre espero con ganas de leerte. Me gusta.

Te invito, si quieres, a pasarte por mi blog y conocer mis divagaciones sobre temas también relacionados con la maternidad que hablo desde mi propia experiencia:

www.disfrutandojuntos.blogspot.com

Anónimo dijo...

Me encanta tu reflexión, de algún modo has sido capaz de poner de manera clara lo que yo siento con respecto a ese debate de buenas y malas madres.

Tengo la suerte, o la desgracia según se mire, de no tener esa sensación de ser la buena madre, sino de vivir más lo que hago mal que lo que hago bien, lo que hago bien es simplemente lo que tengo que hacer, mientras que lo que hago mal es lo que necesito cambiar, así que quizás por eso no tenga la necesidad de señalar a mengana o a fulana con ser malas madres, seguro que ellas también hacen cosas buenas.

Y sí conozco alguna que no merecía ser madre, pero no por mala sino por incapaz.

Bueno que me lío, que me ha gustado mucho leerte.

Lidia dijo...

Gracias Violeta y que diferente al "Club de las malas madres" que leí hace mucho de Lucía Etxebarria. Gracias

LILIANA dijo...

Un urra y aplausos para las madres que sintiendose malas en algunos momentos pueden avanzar a mejores conductas en beneficio de los hijos. Estas que trascienden de la culpa a la responsabilidad y de la responsabilidad a la acción cotidiana de expresar el llamado amor. gracias por esta reflexión, me encanto y mantiene despierta la consciencia. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Acabo de descubrir tu blog a través de una amiga y quería darte la enhorabuena. Estoy un poco cansada de bucear en la red y encontrar en todos lados buenísimas madres, incapaces de reconocer que ellas también se equivocan y estoy plenamente de acuerdo contigo en que a veces pagan nuestras propias limitaciones nuestros hijos, especialmente porque muchos de nosotros hemos sido educados "de manera tradicional" y a veces nos asusta dar un paso adelante para cambiar las cosas.
Lo dicho, enhorabuena y gracias! Leer reflexiones así es curativo para el alma.Seguiré tu blog de cerca.

Anónimo dijo...

Estoy deacuerdo con algunas cosas tratadas en el articulo pero no con otras. El dicho que dice"la accion se demuestra andando" es en este caso muy apropiada. Sin hablar de malos ni buenos, creo que si hay madres y padres (yo incluyo a los dos) mejores y peores. Estoy vinculada a grupos de apoyo a la lactancia y veo y hablo con muchos padres y madres la cabo del año. La lactancia materna si que hace ser mejor madre. Lo llevamos en los genes y en nuestra condicion de mamiferos y de 200 millones de años de evolucio. Los estudios sobre el tema asi lo confirman. Por lo menos en una futura madre es deseable que ella quiera dar pecho. Que luego lo consiga o no es otra cosa. Que unos padres decidan aplicar a su hijo un metodo conductista de los de dejar solo llorando a su hijo bajo el pretexto de que "tiene que aprender a dormir solo" pero el verdadero motivo es "que se duerma pronto para que no me moleste pues estoy muy cansado/a" si que me hace pensar en peores padres. Que no se acostumbre a dormir a habitacion que luego no querra salir cuando todos sabemos que tarde o temprano los hijos no querran saber nada de nosotros tambien me hace pensar en peores padres. No hay que tener miedo a llamar a las cosas por su nombre ni ser tan politicamente correctos como me parece que hace el articulo. Hoy en dia se trata a los hijos desde el miedo, el egoismo y la ignorancia. Creo que lo que hay que hacer es implicarse y explicar porque la lactancia materna es buena, porque el no atender el llanto de un bebe o niño no es bueno, por que pensar que el niño se va a "mal acostumbrar" si es abrazado y llevado en brazos no es bueno, porque el dormir cerca de los padres si el niño lo necesita, es bueno, porque hay que ponerse en la piel del niño siempre y no juzgar las cosas desde nuestra vision de adultos es bueno. Todo lo que es bueno para el niño hace que seamos mejores padres, criando mejores personas que seran los adultos y la sociedad de mañana.

Esther dijo...

La manera en que las mujeres tratamos y juzgamos a otras mujeres es un tema que da para muchisimo, y en lo relativo a la maternidad, aun mas.
Yo tambien pienso, que de alguna manera, hay padres mas o menos buenos, segun 'se lo curren' mas o menos, y estoy de acuerdo en que hay gente que les """"enseña a dormir"""" con la indisimulable idea de 'no me des el coñazo'
En lo que no estoy de acuerdo es en relacionar asi de linealmente la lactancia materna con ser mejor o peor progenitor.
Muy buen articulo como siempre, Violeta

Yolanda Ávila dijo...

Muy buen tema el que has elegido para reflexionar Violeta.
Conozco pocas mujeres con la suficiente autoestima y seguridad en sí mismas como para ejercer su maternidad sin permitir que las opiniones ajenas (provengan de quien provengan)les hagan dudar. La mujer que ha aprendido a escuchar su intuición encuentra las respuestas a sus preguntas dentro de ella misma y está conectada a su-s hijo-s por lo que sabe lo que es mejor para ellos y lo hace sin dejarse influir (piensen lo que piensen los demás).
Sentirse buena o mala madre no es lo importante. Lo importante es saber porqué estás haciendo lo que estás haciendo y estar segura de que es lo que más le conviene a tu hij@.
En mi opinión, las dudas te entran por hacer caso a voces externas que contradicen lo que tu interior te está diciendo....

Un saludo,
http://hablemosdelainfancia.blogspot.com/

Mercedes García dijo...

Creo sin duda que el sentirse mala madre es común para cada una de ellas en algún momento de nuestra maternidad, o porque no pudimos amamantar o porque nuestros hijos duermen o comen mal... da igual si sigues la crianza con apego o no, si fallas, a veces te desmoronas... somo humanos...
Yo he evolucionado como madre desde que nació mi primera hija,estaba convencida que dejar llorar al bebé sería mejor que acunarle, hasta que el sentido común me empujó a leer sobre las consecuencias de estos métodos, y pude por fin convencerme por qué no era adecuado... Me sentí mejor madre cuando convencida pude ejercer en libertad... porque la información me ayudó...

Defiendo que ser mejor madre, no es ni esto ni lo otro, sino aprender de nosotros mismos y de los demás para que nuestros hijos crezcan sanos y felices, de lo contrario mirarnos al ombligo,como siempre nos traerá más problemas...

Buen, articulo...

Ana dijo...

Buenisima reflexion!

Patricia dijo...

Me parece preciosa tu reflexión. A mí me sirve de mucho "en caliente" recordar tres o cuatro cosillas.

No se está portando mla por fastidiar, necesita algo

Es muy pequeña.

Aún así hay días que nos salen los famtasmas eh! a mí me sirve de mucho su carita de perplejidad...

Rebe dijo...

Espero que no te importe pero a raiz de tu post he escrito uno en el que explico que realmente si que creo que hay dos bandos. Era muy largo para ponerlo aquí pero lo comparto por si te interesa.

http://disfrutandojuntos.blogspot.com/2010/10/buenas-y-malas-madres.html

Cristina dijo...

Una reflexión interesante.Un abrazo.

magazine.cat dijo...

Cuantas madres han dicho a sus hijos, ¡Quien bien te quiere te ara llorar!

Isa Red de Mar dijo...

Hola
Me ha gustado el artículo. El juicio que escuchamos, que interiorizamos y que repartimos entre las otras madres y para nosotras mismas de ªmala o buena madreª a veces es una losa que no nos ayuda a aprender... me gusta la idea de darle la vuelta y escuchar el juicio... ver si tiene algo que ver con este momento o hay algo que mejorar, si no ayuda es mejor no hacer mucho caso (más fácil decir que hacer).
Las opiniones de los demás creo nos afectan cuando resuenan con algo nuestro, si estamos seguras el juicio o la opinión ajena nos penetra menos, y no es cuestión de crearnos un escudo como madres y no escuchar nada externo ni interno, sino esa actitud de presencia y consciencia, de descubrir qué me pasa con este comentario, con esta valoración y actualizar para este momento si me quedo con ello o aprendo algo o realizo algún cambio.
Me ha encantado la idea de dar un paso y convertir el amor en trato amoroso y valorar esto sobre el amor etéreo que puede no llegar al otro.
El camino es duro, no pongamos más piedras de las que hay con juicios, bienintencionados o no, con limitación de opciones, apliquemos como madres el mismo trato amoroso que queremos ofrecer a nuestros hijos - un poco de indulgencia al camino de cada cual, con sus errores y tropiezos- y una actitud abierta y de búsqueda y de interrogante personal
Un abrazo
Isa

Mei dijo...

Qué reflexión...más estupenda...y qué de acuerdo estoy...Yo cuando me siento mala madre...es cuando más profundizo en mí misma, en mis errores y...avanzo entonces más en hacer bien las cosas, con cordura y amor, paciencia y humor...Gracias