jueves 15 de abril de 2010

Mi niño no me habla.



Últimamente leo y escucho algo que me temía desde hace tiempo y que supongo que terminará convirtiéndose en moda también: cómo enseñar a tu bebé a hablar.

Confundimos estimulación con métodos y nos lanzamos a adiestrar a nuestros hijos en hechos que suceden sin más intervención que la interacción natural padres-hijos-ambiente.

¿A qué se debe esta sobreactuación sobre todos y cada uno de los hechos del desarrollo? Me inquieta de verdad.

Ya he comentado en algunas ocasiones que los padres de hoy mantienen un afán malsano (para el niño) de ponerse todas las medallas que, en realidad, le corresponden al pequeño. Los niños “nos comen” bien, mal o regular. “Le quitamos” el chupete, el bibe y el pañal (y con llenos de orgullo lo decimos, mientras el niño nos mira como si no tuviera él nada que ver en el asunto) y “conseguimos que duerma del tirón” o “le enseñamos a dormir” para que nos deje tranquilitos 12 de las 24 horas que vive a nuestro lado (esto es un decir, porque de las 12 restantes es posible que sólo estemos realmente juntos 2 o 3).

Sea como fuere, hechos tan sencillos y naturales como comer, dormir, succionar o controlar los propios esfínteres ya no les pertenecen a los niños, sino a sus orgullosos padres, que se han leído un libro o, en el peor de los casos, han seguido la “metodología popular”. Me pregunto si tras la necesidad de atribuirnos los logros ajenos (los de nuestros hijos) no se esconderá una obsesiva necesidad de control... o quizá la propia infancia robada, la propia necesidad de aprobación, de visibilidad, de hacer las cosas bien.
Son necesidades muy lícitas, todos las tenemos, pero no a costa de la invisibilidad de nuestros hijos, por favor.

En cualquier caso, temas como los anteriores llevamos años debatiéndolos, posicionándonos, probando y errando (o acertando). Hace meses hacía un repaso mental de los pocos logros que le quedan al niño por reclamar para sí mismo y así a priori se me ocurrían dos: el lenguaje y caminar.

Pues bien, ya comienzan a aparecer inquietudes al respecto: madres y padres que se inquietan (y mucho) porque la maestra de turno les sugiere una visita al logopeda ya que su hijo/a de tres años no pronuncia bien o no habla como “es de esperar”. Familias que sospechan un retraso en el desarrollo del lenguaje porque su pequeño, de dos, no habla igual que lo hizo su hermanito. Estas familias ignora que el lenguaje es mucho más que palabras: no saben que el lenguaje infantil es un código la mayor parte de las veces no verbal, que sólo se puede descifrar permaneciendo en conexión con el niño.

Comenzamos a leer técnicas para “estimular el lenguaje”, ejercicios para tonificar el aparato fonador, y métodos varios para que nuestros pequeños hablen y pronuncien “como es debido” y a las edades que hemos establecido para ello (a los dos años ya deberían hablar como loros). Queremos que nuestros hijos sean como nos dicen que son los niños. Y queremos que sean siempre “como los demás”.

Si supiéramos lo peligroso e irresponsable que resulta la tendencia a la “normalización” y la “uniformidad” a la que estamos asistiendo en estos años, nos lo pensaríamos dos veces antes de evitar fóbicamente todo aquello que represente la individualidad, la unicidad, la particularidad o el ritmo personal del niño en crecimiento.

Las diferencias nos enriquecen y fortalecen nuestra propia estima, lo contrario nos aborrega y nos supedita a entrar en unos estándares sólo compartidos por unos pocos: la uniformidad condena a las personas (a los niños) al fracaso personal, a la etiqueta, a la pobre valoración y, lo que es peor, a la renuncia expresa a lo que uno es en realidad y cómo es en realidad.

Para que todos ustedes lo sepan: los niños no necesitan que les enseñemos a hablar, necesitan que seamos nosotros los que les hablemos…. y que les escuchemos. Que pasemos tiempo con ellos, que les leamos cuentos, les cantemos canciones, les susurremos al oído, les hagamos pedorretas. Que le pongamos palabras a sus sentimientos y a los nuestros: amor, cariño, enfado, rabia. Que nos enternezcamos con sus errores y caigamos rendidos ante sus logros.
Porque las palabras que salen de su boca, ya sean muchas o pocas, escriben el libro de su vida, no de la nuestra.

Y permitanme la ironía, pero cuando pase la moda de “enseñarles a hablar”, de una cosa estoy segura: cientos de padres (los mismos que se preocuparon porque el niño no hablaba) acudirán nerviosos a las librerías y a las consultas preguntando : “y ahora, ¿cómo le hago callar?”.

Violeta Alcocer.
Ilustración: Shau Tan

9 comentarios:

El Mundo de Ariadna dijo...

Muy bueno,como siempre!
Ayer me contaba una amiga psicóloga de otra moda...enseñar idiomas en el útero! Pero qué nos pasa!!!

GLORIA dijo...

Excelente!
Es cierto que los padres de hoy estan mas pendientes de ponerse medallas que de reconocer la valía de sus hijos.
Saludos

Anónimo dijo...

Me encanto tu comentario que tristeza que los demás no lo entiendan asi,nos hace falta mas sentido comun,dejar a los niños ser Niños sin llenarlos de tantas cosas que ni los hace felices
veo como muchos Padres tienen adultos chiquitos en sus hijos y los ven llenos de "orgullo" y se olvidan de lo más importante,que para todo hay edad y tiempo que los dejen crecer como NIÑOS

Mametadebad dijo...

Estoy totalmente de a cuerdo. Yo también soy psicóloga y me encanta este blog desde que lo descubrí hace poco. Me encantaría que pudieras participar en un grupo que hemos creado nuevo en el facebook con la intención de crear una asociación en Catalunya, que no la hay, de apoyo a la crianza con apego. Se llama CAVE, Criança amb Vincle Emocional. Te enviaré una invitación a el mail del blog.
También me gustaría que todas las participantes y lectoras de este blog tan estupendo, seáis o no residentes en Catalunya, pudiérais participar. Cuántas más famílias seamos, antes podremos poner en marcha el proyecto y más enriquecedor será.

Violeta Alcocer dijo...

Podéis contactarme en facebook buscando Aula de Familia (lo cree ayer el grupo, precisamente). Allí iré publicando artículos y noticias interesantes, etc..

Mametadebad: Estaré encantada de participar en vuestro grupo CAVE.

Saludos y gracias!!
Violeta.

Esther dijo...

Fantastico, Violeta.

Ileana dijo...

Estamos en la espiral de la baja autoestima.

Los padres, carentes de autoestima, tenemos hijos porque toca tenerlos, para exhibirlos, para ponernos medallas, para llenar nuestros propios agujeros...y sobre todo para que no nos molesten y sean independientes desde el primer día.


Así, criamos hijos con baja autoestima, que a su vez se convertirán en padres que necesitarán tener hijos para llenar sus propios agujeros...

En fin. Excelente, Violeta. Eres uno de los referentes que hay que seguir de cerca.

Un abrazo!!!

Ileana dijo...

Sido dandole vueltas al asuton y creo también que el problema es el deterioro de esa "interacción natural niño-padres-ambiente".

Si los niños están desde muy pequeños lejos del contacto natural con sus padres, y en entornos escolarizados, es muy probable que los padres nos sintamos inconscientemente "culpables" y pretendamos remediar eso a través de "métodos" y "aprendizajes", adoptando el modelo "escolar".

Si a la escuela infantil se va desde los 4 meses, pues todo se convierte en objeto de "aprendizaje", algo que los adultos deben enseñar como si fueran matemáticas...

El tema da tanto de sí!!!1

Gracias, saludos!!!!

Fran San Miguel dijo...

De acuerdo con casi todo, Violeta, excepto que para mí no es lícito tratar de engordar la soberbia, la imagen y el ego a costa de los "éxitos" de los hijos a nuestro cargo.
Gracias por poner en palabras una vez más lo que a menudo siento.

www.fransanmiguel.es