BIENVENIDOS

Dicen que nuestros hijos son nuestra viva imagen. A través de ellos nos miramos a nosotros mismos y sobre ellos proyectamos nuestros deseos, nuestras frustraciones, nuestras ilusiones y sueños. Los convertimos, sin darnos cuenta, en nuestro reflejo, como si mirásemos un espejo que siempre nos devuelve la misma imagen: la nuestra, con nuestros valores, nuestras creencias, nuestros sentimientos, nuestra forma de ver el mundo.

¿Qué sucedería si dejásemos de hacerlo? ¿Si dejásemos de mirarnos a nosotros mismos para verlos a ellos, los hijos e hijas que hemos traído al mundo? ¿Qué sucedería si hiciéramos un esfuerzo por comprender su realidad, sus afectos, su alegría y su dolor y lo hiciéramos desde ellos, no desde nosotros?

¿Qué ocurre cuando una madre y un padre atraviesan el espejo?
Os invito a comprobarlo a través de la lectura de estos textos, reflexiones y algunos cuentos.

lunes 15 de junio de 2009

Sobre el enfado, la ira y la pataleta.


Con frecuencia, los seres humanos transformamos en ira nuestros sentimientos primarios de preocupación, fatiga, culpa, decepción, rechazo, injusticia, choque, incertidumbre o confusión. Rara vez se presenta el enfado en primer término. Éste suele ser el sentimiento que sigue a otro. Es fundamental comprender que detrás del enfado de un niño (que generalmente va asociado a una conducta negativa), siempre hay otro sentimiento que tenemos que no siempre se ve.
Lo mismo sucede, por ejemplo, con los celos, que esconden generalmente sentimientos de estar en desventaja, de ser menos que el otro.

ACCIÓN ---------------- ENFADO, IRA, CELOS------------------ SENTIMIENTO PRIMARIO

La expresión de la ira puede tener distintos grados. Uno de ellos, el grado máximo, es la rabieta. Se ha escrito mucho sobre este tema, y cada profesional tiene un enfoque particular sobre cómo actuar en estos momentos.
Para mi, una cosa es clara: una pataleta jamás debería ser una batalla que uno de los dos tiene que ganar a toda costa.
Aunque las rabietas generalmente vengan motivadas por hechos que pueden llegar a ser hasta incongruentes (las famosas pataletas de galleta o yogur), los padres tenemos que tener muy claro que una rabieta es la expresión de la frustración más extrema. Lo que la rabieta de nuestro hijo nos está diciendo es:
“He perdido todo el control sobre mis emociones y sobre mi mismo, los sentimientos negativos se han apoderado de mi y soy incapaz de manejarlos”


Si en esos momentos castigamos a nuestro hijo, de la forma que sea (mandándole a su habitación, pegándole un bofetón, amenazándole con retirarle un privilegio) estamos generando tal cantidad de sentimientos negativos nuevos, que difícilmente supondrán una enseñanza positiva para él.

Un ejemplo: María se encuentra en plena rabieta. Está totalmente desbordada por una situación que no puede manejar (está cansada y tiene hambre, pero su propio cansancio le impide decidir qué quiere comer. Por un lado quiere ser mayor y decidir por sí misma, pero por otro, no se encuentra capaz de hacerlo. Esto genera en ella unos sentimientos muy intensos de frustración que, unidos al cansancio, la desbordan. En el preciso momento en que se siente así de desbordada, recibe una marcada regañina, acompañada de insultos, quejas y un "vete a tu cuarto".
Así que inmediatamente, se generan en ella una serie de nuevos sentimientos que se suman a los que ya tenía:

- se siente dolida por la regañina.
- Frustrada por no ser comprendida.
- Resentida por la falta de ayuda de sus padres.
- Incapaz de devolver la agresión que ha recibido.
- Temerosa de recibir más castigos.

Resultado: más sentimientos negativos que antes.

Es posible que el castigo haya detenido su rabieta, pero lo ha hecho por miedo. Los sentimientos que ese castigo han generado, permanecen dentro de la niña. Quizá ahora no puedan expresarse, pero lo harán más adelante, de diferentes formas (o de la misma).

Por este motivo, ante una rabieta, el castigo, tenga la forma que tenga, es una medida inaceptable. Quizá eficaz a corto plazo pero totalmente ineficaz como medida educativa.

La forma más útil de manejar las rabietas es cualquiera que incluya en su forma:

La comprensión de los sentimientos profundos del niño.

El acompañamiento, bien sea permaneciendo a su lado, bien sea estando disponibles.

El recibimiento, cuando el niño ha sido capaz de sobreponerse y acude a nuestros brazos en busca de consuelo.

La información, por parte de los padres, de los límites que poco a poco deberá interiorizar nuestro hijo para poder expresar esos sentimientos:
a)con ciertas personas: aquellas que sean capaces de comprender empáticamente lo que está sucediendo.
b)en ciertos momentos:
c)en ciertos lugares: la privacidad de la familia o de las personas más allegadas.

Y además…
- Recordar nuestros cambios: quizá nosotros ya no nos acordamos de esos dos años, de ese momento en que dejamos de ser bebés para ser niños, pero seguro que todos podemos recordar el momento en que dejamos de ser niñas/os para ser mujercitas (u hombrecitos), o el momento en que dejamos de ser hombres y mujeres para convertirnos en hombres-padres y mujeres-mamás. Algo quedó atrás entonces, algo perdimos en la transformación pero todo ello nos hizo mejores. ¿Quién no recuerda ese sentimiento de nostalgia infinita por aquello que no volverá? ¿Quién no se ha sentido solo y perdido, sobrecogido al experimentar nuevas experiencias? ¿Excitado y confuso al estrenar aspectos de uno mismo (el yo universitario, el yo trabajador, el yo novio/a )? ¿Quién no ha llorado amargamente por aquello que un día fué y celebrado después aquello que es?
Si tenemos en cuenta estos sentimientos podremos estar más cerca del corazón de nuestros niños.

- Contener sus emociones: en esta etapa los límites son fundamentales. Pero no hay que confundir límites con limitaciones. Los límites dan seguridad y permiten crecer con un marco de referencia, mientras que las limitaciones generan una pobre autoestima y falta de confianza en uno mismo. El secreto está en fomentar y permitir en lo posible la independencia, la toma de decisiones y la expresión de sus emociones… al tiempo que se le muestra a nuestro hijo (delicada pero firmemente) dónde se encuentran el tono emocional y de conducta que le permitirán crecer mejor y en armonía consigo mismo y su entorno (es decir, intentar mostrarle qué conductas y manejos afectivos le resultarán más útiles para desenvolverse en la vida y llegar a ser felices). Esta tarea es quizá la más difícil de esta etapa, pues la coherencia, el consenso en la pareja y la tranquilidad y convicción en lo que uno hace son fundamentales para que el niño interiorice bien el mensaje.

- Poner palabras a sus sentimientos y momentos de crisis: contarle cuentos, ponernos a nosotros como ejemplo (cuando yo era pequeño como tu..) o hablar directamente y sin tapujos de lo que pensamos que les está sucediendo.

- Reforzar la unión de la pareja: Las crisis de los hijos suelen serlo también de los padres, de modo que es posible que una crisis de la pareja también se derive de estos años. Los diferentes puntos de vista en cuanto a la puesta de límites, las diferentes herramientas personales de cada miembro de la pareja para abordar las rabietas y diferentes estados de ánimo de los pequeños, etc, suelen ser motivo de conflictos que o bien se hablan y resuelven, o bien “se quedan ahí” impidiendo indirectamente que nuestros hijos perciban el clima de armonía que necesitan para madurar en esta etapa.

- Tener la certeza de que lo superarán. Confiar en la capacidad de nuestros hijos para superar los obstáculos (en vez de quedarnos anclados en su sufrimiento) y hacerselo saber es un motor para su autoestima.

Violeta Alcocer.
Ilustración: Patricia Metola.

8 comentarios:

GLORIA dijo...

Me ha encantado leer este post. Tengo un hijo de 18 meses, que llora, grita y hasta se da con la cabeza en el suelo cuando no consigue algo que quiere, y es muy dificil pasar esos momentos. Intentamos hacer lo que dice el post, porque me da tanto miedo castigarlo como no permitir que exprese su frustación. Encontrar el termino medio es dificil, pero en estamos (su padre y yo) en ello.

Saludos

Thera dijo...

Muy interesante el post. Comparto lo que dices y creo que es un tema difícil de afrontar, muchas veces nos enfrentamos con nuestros propios límites y sentimientos.

sonia dijo...

Me parece muy acertado lo que comentas, espero ser capaz de llevarlo a la práctica... porque la que primero se siente desbordada y frustrada por sus emociones soy yo! Mi hijo tiene 11 meses, todavía no hemos llegado a las rabietas aunque intuyo que no falta demasiado. Espero haber mejorado personalmente para entonces y llegar a un "autocontrol" razonable con el que servir también de ejemplo... El tema de limites/limitaciones me parece muy acertado también.

carol dijo...

Estupendo articulo,Violeta.
Para mi el tema de la ira me esta resultando mucho más dificil,conforme el va creciendo.La presión exterior es fuerte en momentos en que tu hijo,desbordado,te hace el blanco de su ira.Me cuesta empatizar y contener las miradas de reproche que le puedan llegar de fuera.Intentar mantener la serenidad frente a el y estar al margen de lo que puedan opinar los demás.
Dificil,cierto,pero supongo que debemos luchar para conseguir que esos momentos de crisis le sirvan para madurar un poquito y que en todo momento nos sienta a su lado.

Anónimo dijo...

hola Violeta,

tengo una niña de 2 años y 11 meses que esta pasando ahora mismo por su periodo de las rabietas.en la guardería esta estupenda pero en cuanto llega a casa por cualquier tontería o si le haces una observación porque ha hecho algo mal o no esta bien se pone a llorar, a gritar y así horas y últimamente a diario.Ya no se que hacer con ella, cuando salgo del trabajo para recogerla me da algo porque se que al llegar a casa empezamos el espectáculo.Que debo hacer ? Ha sufrido mucho cambios en su vida: los abuelos la cuidaron durante un año y han vuelto a su casa, ella empezó la guarde después que yo estuve 3 semanas de vacaciones y de golpe la dejo 11 horas casi al día: de 0730 a 1800, hace un mes le hemos quitado el chupete....Resulta que es casi imposible aguantar sus lloros, es que hasta que pierdo los nervios, no escucha, si le digo algo parece que hablo a los paredes, no me hace caso, cuando salimos al supermercado si algo no le conviene se tira al suelo y empieza a montar un numerito que me da vergüenza, castigarla con tiempo fuera no tiene ningún significado para ella, no esta desafiando siempre a mi y a su padre....Que me consejas ?Necesito ayuda con ella...No puede mas...Un abrazo fuerte, Adriana

violeta alcocer dijo...

Estimada Adriana,
como bien dices, tu hija ha sufrido muchos cambios sustanciales en su vida en los últimos meses (abuelos lejos, guardería, chupete fuera).
Quizá os habéis precipidado con lo del chupete.
En cualquier caso, yo intentaría minimizar el estrés en su vida y proporcionarle el mayor tiempo posible de atención en exclusiva.
Está claro que vuestra hija está haciendo un gran esfuerzo de adaptación y la llegada a casa es para ella la única válvula de escape con la que cuenta para dar rienda suelta a su malestar.
Sinceramente creo que lo único que puedes hacer es ofrecerle grandes dosis de comprensión, mucha atención y un manejo tranquilo y firme ante las situaciones más complicadas.
Si pudiera salir antes de la guardería, sería estupendo también. De no ser así, procura tener la mayor implicación posible en su vida "escolar" (preparar juntas un dibujo para llevar al cole, hablar mucho con la profe, ofrecerte para ir un día a su clase a contar un cuento... ) para que tu hija sienta que "estás ahí" aunque no estés presente.
Ánimo.

Anónimo dijo...

Muchas gracias Violeta,

y gracias.No sabes que alegría leerte y me he sacado creo que todos los archivo a la impresora para guiarme y ayudarme entender un poco mas a mi niña.Soy una persona cariñosa, siempre me han gustado los abrazos, dar besitos así que esto lo hago muchísimo con mi hija, le doy mucho amor, muchas caricias, abrazos para que sienta que estoy allí, que la quiero.Voy a intentar a estar mas con ella en casa porque es cierto que a veces nada mas entrar empiezo a poner la lavadora, hacer la comida, preparar la cena y con ella no estoy ni una hora.
Te deseo lo mejor y que sigas asi, dándonos tu apoyo y tus consejos.Un cordial saludo,Adriana

Anónimo dijo...

Violeta, quiero agradecerte este articulo.. he llegado a el en un momento que lo necesitaba. Como ha dicho ya alguien, yo soy la primera a la que me desbordan los sentimientos de mi hija. Me explico.. intento siempre razonar con ella (2 años) pero ultimamente todo es una lucha y hay situaciones que no puedo evitar (lavarla por las mañanas, cambio de pañal, vestirla, ..) y como ella no colabora despues de mil formas de intentarlo muchas veces tengo que hacerlo mientras se me revuelve y acaba llorando desconsoladamente. Estas situaciones son las que me desbordan, soy incapaz de empatizar con ella entonces.. pienso el por que se empeña en resistirse cada dia a vestirse, por ej. ¿Como lo ves tu? Quiero hacer notar la diferencia entre acciones rutinarias y momentos puntuales de cansancio, frustracion por algo, etc. Gracias.