BIENVENIDOS

Dicen que nuestros hijos son nuestra viva imagen. A través de ellos nos miramos a nosotros mismos y sobre ellos proyectamos nuestros deseos, nuestras frustraciones, nuestras ilusiones y sueños. Los convertimos, sin darnos cuenta, en nuestro reflejo, como si mirásemos un espejo que siempre nos devuelve la misma imagen: la nuestra, con nuestros valores, nuestras creencias, nuestros sentimientos, nuestra forma de ver el mundo.

¿Qué sucedería si dejásemos de hacerlo? ¿Si dejásemos de mirarnos a nosotros mismos para verlos a ellos, los hijos e hijas que hemos traído al mundo? ¿Qué sucedería si hiciéramos un esfuerzo por comprender su realidad, sus afectos, su alegría y su dolor y lo hiciéramos desde ellos, no desde nosotros?

¿Qué ocurre cuando una madre y un padre atraviesan el espejo?
Os invito a comprobarlo a través de la lectura de estos textos, reflexiones y algunos cuentos.

lunes 18 de mayo de 2009

Mucho más que celos: el aumento de la familia.


¡Por fin llegó a casa! Después de nueve meses de incertidumbre, Daniel puede conocer al tan esperado “hermanito”. El bebé se llama Carlitos, que es un nombre que a Daniel le gusta mucho y ,además, ha venido al mundo con un Teletubbie debajo del brazo como regalo de cortesía para su hermano mayor. La cosa promete pero… tras la curiosidad inicial, el bebé deja de ser una adorable novedad para convertirse en una fuente de sentimientos de lo más contradictorio para el pobre Daniel. El bebé le gusta pero al mismo tiempo le gustaría que todo volviera a ser como antes.
Daniel se siente raro, pero no sabe muy bien cómo explicar lo que le pasa. Cada vez que llora o se enfada, incluso cuando abraza al hermanito demasiado fuerte (pero sin mala intención ¿eh?) o le tira la pelota para que juegue (y sorprendentemente el pequeñajo no sólo no la coge sino que le da en la cabeza y comienza a llorar bien alto..) los adultos comentan entre ellos: “Daniel tiene celos”.
A veces se enfadan con él y otras.. otras le dan mucho cariño y le dicen que ya pasará.

Un arcoiris de sentimientos
Lo cierto es que cuando llega el segundo hijo tiene lugar, de nuevo, una auténtica transformación vital de todos los miembros de la familia. Además de los famosos celos, son muchos son los sentimientos y contradicciones internas que tiene que afrontar el pequeño de dos años que, de la noche a la mañana, pasa de ser “el único, el primero y más importante” a ser “el mayor de dos”; de todos ellos, algunos serán maravillosos y otros… otros no tanto.
Casi desde el primer momento, aunque a veces nos cueste verlo, hacen su aparición el amor y la ternura por el recién llegado. Ese pequeñito que le recuerda tanto a alguien y que le habla de una vida que él ya vivió es un potente generador de cariño y, por qué negarlo, de curiosidad sin límites: y es que todas las cosas que rodean a un recién nacido son excitantes y dignas de ser observadas y aprendidas; la lactancia materna (que a veces será compartida con el mayor, en el caso de que todavía no se haya destetado), los pañales, los sonidos y las incógnitas que envuelven su pequeña vida (¿Pero cómo puede dormir tanto? ¿por qué llora para todo? ¿no tiene dientes? ¿ni uno?).
También llegarán nuevos sentimientos, como el orgullo (¿veis cómo es “mi” hermanito de interesante?) que convive a ratos con los celos (!hum, hum, pero qué resultón es este canijo!!).
Muy a menudo resulta que el hermanito no es exactamente lo que él esperaba y todo lo que le habían contado resulta ser un fiasco. Y es que resulta decepcionante tener unas brillantes expectativas (jugará conmigo, le enseñaré mis juguetes, dormiremos juntos) que al final se convierten en… una torre de pañales sucios y un pequeñajo dormilón enganchado a mamá. La culpa llega cuando entre esas expectativas están la de los padres hacia el hermano mayor (cuando éstos esperan que se deshaga en mimos con el bebé o colabore en todo) y éste siente que no está cumpliendo lo que los mayores esperan de él.
Y cómo no… comienzan a desfilar ante nuestros ojos sentimientos más airados como el rechazo y la rabia: ¿Alguien podría devolver este bebé al sitio de donde vino? Pregunta más de uno… y ante la contundente negativa de mamá, la tristeza también se deja ver; y es que las cosas en casa ya no son como antes, papá y mamá están mucho más cansados y no dan abasto para atender a los a la vez (y ¿adivinen a quién le toca esperar?) Vale, muchas cosas ahora son mejores pero… ¡nuestro príncipe a veces se siente tan rana..!


En realidad, lo que significa este batiburrillo de sentimientos es que el hijo mayor se está dando cuenta de que su vida ha cambiado: está haciendo un duelo.
De hecho, toda situación de cambio conlleva un duelo por lo que hemos dejado atrás. Cuando aumenta la familia, todos, grandes y pequeños, tenemos que reubicarnos en la nueva situación y asumir (no sin dolor) que algunas cosas no volverán a ser como antes. Esto es una realidad y atravesarla es necesario para poder acceder a una nueva dinámica familiar. Por eso, la tristeza, los celos, la impotencia o la culpa no son más que partes del camino que estamos recorriendo juntos: en realidad no hay que gastar nuestra energía en evitar o cambiar estos sentimientos; nuestra energía hay que ponerla en manejar de la mejor forma posible la crisis para que todos podamos atravesarla y crecer gracias a ella.

¿Reconoces estas reacciones? Son los pasos hacia la aceptación del cambio:

● Incredulidad, negación: “¿Carlitos? ¿Quién es Carlitos? Ah, os referís a ese…ni me había dado cuenta de que estaba ahí, oye.. “ A veces el mayor actúa como si el bebé no existiera, como si el nacimiento no fuera con él. Incluso desde antes del nacimiento, los mayores siguen con su vida como si el bebé y todo lo que tiene que ver con él fuera invisible. Es una forma de negar la realidad y de oponerse al cambio.

● Regresión: Volver a pedir teta, hacerse pipí encima cuando ya controlaba, querer estar encima de mamá más que nunca… el niño vuelve a etapas anteriores cuando siente su universo y su seguridad emocional amenazadas. Las regresiones son normales y no hay que forzar al niño diciéndole que ya es mayor. Volver a lo seguro es el único recurso que de momento tiene para tomar la fuerza que va a necesitar para enfrentarse al cambio.

● Furia: Las emociones se desbordan y salen hacia fuera en forma de rabietas y mal humor. Nuestro pequeño está huraño y negativo, incluso agresivo y con fantasías un tanto alarmantes (“mamá, ¿podemos tirar a Carlitos al fuego? Solo es para ver cómo arde..” “Si le metemos en la lavadora aprenderá a nadar ¿no crees?” ). Los niños, por su dificultad para controlar las emociones, suelen dejarse invadir por este sentimiento muy a menudo. Ahora bien, cuando nuestro hijo llega a las manos, es importante tener esto en cuenta: todos los sentimientos son aceptables, lo que no es aceptable es su expresión en forma de agresión. Así, podemos y debemos hablar con nuestro hijo de lo que siente y aceptarlo (aunque sea odio), pero dejándole claro dónde está el límite de su expresión (el límite suele estar en la cara del otro).

● Culpa: “!Alguien tiene que tener la culpa de que yo me sienta así de mal! ” piensa el pequeño… y lógicamente, el bebé tiene todas las papeletas para ser el afortunado poseedor del título de “villano” y atraer sobre sí todos los “ha sido él” de la casa.
Sin embargo, tampoco es extraño que sean papá o mamá (esta última más probable) quienes tengan que rendir cuentas antes o después ante el Tribunal de los Principes Destronados.

● Desolación: Esta es la etapa de la verdadera tristeza. Nuestro hijo se siente impotente, se da cuenta de que, pese a sus intentos, al hermanito no se lo van a llevar a otra casa ni lo va a criar la abuela. La situación es irreversible y algo ha cambiado en su vida definitivamente… y en el camino han quedado su lugar de hijo único y oportunidad de ser el “peque” de la casa. En este momento hay que tolerar la tristeza, hablarle de ella (“las cosas ya no son como cuando eras tu solo ¿verdad?”) y darle todo nuestro apoyo y cariño. Estamos casi al final del camino.

● Identificación: Es cuando las cosas, pese a tener su lado oscuro, también brillan y empiezan a mostrarnos su cara más amable. Ya ha pasado algo de tiempo y se nota que el mayor empieza a encontrarse a gusto en su nuevo papel, vamos, que le ha cogido el gustillo a eso de tener algunos privilegios y además, hasta le ha cogido cariño al pequeñajo (y después de ese coscorrón que se pegó intentado ponerse de pie como un campeón, hasta sintió cierto orgullo de familia y recordó la de veces que él también dio con su frente en el suelo..).

● Aceptación: Después de la identificación (este hermano es como yo) llega la discriminación (pero no es yo, que soy único e irrepetible!) lo que permite al niño encontrar definitivamente su nuevo lugar en la familia y sentirse, por fin, a gusto consigo mismo y los demás. Los conflictos no dejarán de estar ahí pero, a partir de este momento, se tirarán de los pelos con más amor y se defenderán el uno al otro frente a todos los demás.

Estas etapas a veces suceden de forma consecutiva y otras se van alternando unas con otras. Si alguna de ellas persistiera durante mucho tiempo (meses) o se manifestara de forma exagerada, debemos buscar la ayuda de un psicólogo que nos oriente sobre la mejor forma de ayudar a nuestro hijo.

3- Cómo podemos ayudar. Formas de favorecer las buenas relaciones entre hermanos ( y familiares):

☻Establecer alianzas entre los miembros de la familia: si mamá tiene que atender al bebé en sus primeros meses a tope, papá y el hermano mayor pueden aprovechar para hacer todos esos planes que tenían pendientes y pasar más tiempo juntos.

☻Fomentar un clima familiar de comunicación y respeto.

☻ Protegerles de las comparaciones (“mira, el bebé se está calladito a ver si tu haces lo mismo”) que minan la autoestima y generan un clima de competitividad entre ellos.

☻ Evitar las injusticias que vienen de terceros (familiares o amigos), no permitiendo que se haga una jerarquía entre hermanos (al mayor más regalos porque total el pequeño no se entera, o al revés, al pequeño este detalle porque es el chiquito..).

☻ Huir de las etiquetas y la polarización entre ellos (bueno-malo, vago-estudioso, sociable-tímido, etc..)

☻ Intentar ser justos y ecuánimes en nuestras decisiones sobre ellos y que no se sientan injustamente tratados el uno respecto al otro.

☻Abrir los canales de comunicación: escuchando y tolerando cuando nos muestran sus sentimientos respecto a sus hermanos. Enseñarles a expresarse y a hacerse respetar por el otro sin violencia.

☻Hacerles sentir orgullosos del lugar que ocupan en la familia: Los hijos mayores pueden tener diferentes aptitudes que los menores y posiblemente puedan hacer cosas que los pequeños no (también pueden tener más responsabilidades). Los pequeños pueden gozar de ciertos privilegios por ser más pequeños, etc.. Lo importante es adecuar los derechos y obligaciones familiares a la edad y el carácter de nuestros hijos.

☻Favorer los espacios e intereses propios, los gustos personales, la diferencia. Ser hermanos no significa tener que hacerlo todo juntos; todos necesitamos nuestras propias parcelas e intereses.

☻Pasar tiempo en exclusiva con cada uno de ellos.

Violeta Alcocer para Ser Padres Hoy (copyright)
Ilustración: Carolina Bensler

2 comentarios:

Bóboli comunicación dijo...

Hola.
La verdad que tienes mucha razón en lo que dices. Muy buen texto.

Felicidades por el nuevo peque y ánimo con Daniel, poco a poco lo irá viendo todo más normal.

Un saludo. Boboli.

Mamá de Alta Demanda dijo...

Hermoso post, ya me estoy preparando para ello.

Besos!