BIENVENIDOS

Dicen que nuestros hijos son nuestra viva imagen. A través de ellos nos miramos a nosotros mismos y sobre ellos proyectamos nuestros deseos, nuestras frustraciones, nuestras ilusiones y sueños. Los convertimos, sin darnos cuenta, en nuestro reflejo, como si mirásemos un espejo que siempre nos devuelve la misma imagen: la nuestra, con nuestros valores, nuestras creencias, nuestros sentimientos, nuestra forma de ver el mundo.

¿Qué sucedería si dejásemos de hacerlo? ¿Si dejásemos de mirarnos a nosotros mismos para verlos a ellos, los hijos e hijas que hemos traído al mundo? ¿Qué sucedería si hiciéramos un esfuerzo por comprender su realidad, sus afectos, su alegría y su dolor y lo hiciéramos desde ellos, no desde nosotros?

¿Qué ocurre cuando una madre y un padre atraviesan el espejo?
Os invito a comprobarlo a través de la lectura de estos textos, reflexiones y algunos cuentos.

jueves 19 de febrero de 2009

La succión "no nutritiva" y sus funciones.


Mitchel, Blair y L'Hoir han sintetizado correctamente la bibliografía disponible sobre la práctica del chupete y describen la punta del iceberg de la función de succión, tan compleja como importante en los mamíferos altriciales.
De la misma manera que al nacer debemos estar preparados para respirar lo debemos estar para succionar y alimentarnos al seno. Se trata de nuestro pasaje de la gestación placentaria a la gestación ma-maria; ambas funciones están maduras alrededor de las 34 semanas y su fracaso condicionaría nuestra supervivencia.
Los mamíferos precociales nacen y caminan de inmediato o en pocos días y se alejan de sus madres; esta autonomía es mucho más tardía en los altriciales (que necesitan del otro para criarse). Hasta no ser autónomos, los altriciales se benefician de estar todo el día con su madre, por lo que los primates superiores y los humanos tenemos el privilegio adicional de una crianza muy especial. Los estímulos para el desarrollo inicial se dan en una interacción de extrema proximidad con quien nos amamanta. No se trata sólo de alimentarse, sino de relacionarse con otro.
La taxonomía ha privilegiado el aspecto de "ingesta" para distinguir entre los dos tipos de succión de un recién nacido. Se ha denominado "succión nutritiva" a la que contribuye a la ingesta y ha quedado en el misterio y la indefinición la otra succión denominándola "succión no nutritiva". No se trata de una succión "diet" que no alimenta, sino de una succión voluntaria y aparentemente muy placentera de la que deberíamos saber mucho más que lo que sabemos y que despreciativamente llamamos "no nutritiva".
Los pediatras somos extremadamente cronosensibles pues atendemos un rápido proceso de crecimiento y desarrollo de las funciones y para comprender a un niño debemos distinguir sus capacidades propias de cada momento de acuerdo con su edad en meses, semanas o días. Nuestro desvelo es encontrar una explicación sobre el porqué en los primeros tiempos necesitamos succionar aun cuando no necesitemos ingerir alimento en cada succión.
Los pares craneanos de corto trayecto llegan tempranamente a controlar el complejo mecanismo muscular involucrado y dirigen, por lo tanto, el primer ejercicio de motricidad voluntaria bien coordinada. El trigémino es el primer par que puede estimularse en un feto y obtener una respuesta al tocar su cara. Al nacer ya se ensayaron funciones motrices y sensoriales vitales para la adaptación en la vida intrauterina. Mucho antes de que exista discriminación ocular, la boca explora, succiona el pulgar, degusta y deglute el liquido amniótico. Nos maravillamos viendo a un recién nacido pretérmino tan pequeño como de 30 semanas entusiasmarse y succionar con fruición su pulgar entero dentro de la boca en forma cíclica y periódica mientras sus ojos permanecen cerrados. Todo funciona como si hubiera una vigilia o alerta oral antes de que sea nítido y útil el alerta visual. En los hechos, el recién nacido explora y se interesa con la boca antes que con la mirada. Si existe una vigilia oral, nuestras primeras comunicaciones, los momentos de placer y de aversión, incluirán esa ruta biológica y el intrincado juego social le agrega interés y complejidad.
La succión puede incluso estar involucrada en otras áreas, además de la alimentación, el estimulo sensorial y las relaciones de proximidad:
Al nacer tenemos una vía aérea alta estrecha y colapsable, sobre todo en el sueño. Los prematuros hacen apneas obstructivas frecuentemente. La actividad muscular de succión intensa y prolongada, sin ingesta, puede ser un ejercicio tonificante de valor protector seleccionado por la evolución. Sabemos que la tonificación muscular de la vía aérea alta se está estudiando en el tratamiento del ronquido a raíz del hallazgo casual de la disminución de esta molesta afección entre los aficionados a tocar el didgeridoo, un largo instrumento de viento de los aborígenes australianos
Debido a las limitaciones de nuestro conocimiento sobre la función de succión, aconsejamos leer la revisión de Mitchell, Blair y L'Hoir como un excelente ejercicio para subrayar todo lo que no sabemos. Es un punto de partida para interesarnos tanto por las probables causas de la muerte súbita como sobre temas tan fascinantes como el manejo del umbral del dolor y el autoconsuelo.
Hace 5 años, al realizar un sencillo metanálisis de los datos de los estudios de Blair y de L'Hoir sobre muerte súbita, no dudamos en concluir lo mismo que ellos enfatizan ahora: Debemos dejar de prohibir el uso del chupet Es muy importante señalar que lo que nosotros propusimos y ellos concluyen es diferente que recomendar el uso del chupete: es abstenernos de prohibirlo.
William Silverman, en su profunda reflexión ética sobre nuestra profesión decía: "¿Como haremos para trazar una línea entre lo que sabemos y lo que hacemos? ¿Sabemos lo suficiente de las consecuencias médicas y sociales de nuestras intervenciones para proceder con confianza? Nuestra capacidad de restringirnos debe ser proporcional al poder que tenemos".
Celebremos entonces la caída de una prohibición no basada en evidencias científicas y que se reconozca la ignorancia, único camino para llegar a saber.
Un sano consejo médico para los padres es que si ellos entienden que a su hijo le gusta el chupete no hay ninguna razón para prohibirlo, sin restricciones.

Dr. José L. Díaz Rossello .- Pediatría Perinatal. Centro Latino Americano de Perinatología y Desarrollo Humano y Unidad de Salud de la Mujer y Reproductiva CLAP/SMR. Organización Panamericana de la Salud, Organización Mundial de la Salud.

Ilustración:Marianne Barcilon