
En muchas culturas las mujeres llevan a sus hijos en brazos (o colgados de su cuerpo de alguna manera) desde que nacen y durante los primeros meses (e incluso años) de sus vidas.
Desde el “rebozo” mejicano hasta el “amatui” que utilizan en la tribu inuit de Alaska, las mamás llevan a sus bebés consigo a todas partes y la razón no es que no dispongan de modernos carritos, moisés o cunas donde dejarles (que sí disponen de ellos), sino que en estas sociedades saben que lo mejor y más natural es el contacto físico con los niños desde que nacen.
Una buenísima y ancestral costumbre
El desarrollo de los seres humanos no se acaba en el útero materno sino que, tras ver la luz, el bebé todavía no tiene sus capacidades desarrolladas y depende por completo de sus cuidadores (debido a la estrechez del canal pélvico de la mujer, el bebé ha de nacer antes de que su cerebro acabe de madurar). Por eso, al igual que los canguros, que llevan a sus crías en la bolsa marsupial hasta que son capaces de moverse y descubrir el mundo por sí mismas, los papás y mamás humanos estamos naturalmente predispuestos para llevar a nuestros “cachorrillos” encima (o cuando menos, estar lo más cerca posible de ellos, cogerles y acunarles) y ayudarles así a completar mejor su desarrollo, amén de proporcionarles la seguridad y cariño que necesitan.
Sin embargo, y por desgracia para padres y niños, nuestra sociedad y nuestra cultura no siempre ve con buenos ojos esta acción. De hecho, ya desde el primer día del bebé, podemos escuchar no sólo a familiares y amigos “experimentados”, sino a matronas e incluso pediatras, advertirnos del peligro que puede suponer coger mucho en brazos al recién nacido. Se “malacostumbran”, se “vician”, “te cogen la medida” “se quedará canijo” “tardará más en caminar” … y muchos más comentarios de este tipo suelen escuchar las mamás y papás desconcertados y confusos ante su innata necesidad de estar lo más cerca posible del recién nacido ( o niño más mayorcito ), de tocarle, besarle, olerle, hablarle y protegerle.
“Yo lo cogería” – dicen algunas mamás un tanto angustiadas- “pero es que no quiero que se acostumbre a los brazos”. O bien: “Si lo cojo en brazos cada vez que llora, aprenderá a llorar para todo”.
Hay que saber que ninguna de las anteriores afirmaciones es cierta, sino todo lo contrario: en primer lugar, los bebés “nacen ya acostumbrados” a estar en brazos; es decir, que los bebés nacen necesitando el contacto físico de una manera natural (como ya hemos dicho, es una necesidad innata, independiente de la necesidad de comida e incluso más fuerte que ésta), de modo que si no les cogemos cuando nos necesitan, quizá podamos “desacostumbrarles” (lo cual no tiene mucho sentido) , pero nunca al revés.
Por otro lado, el llanto es el lenguaje universal de los bebés y a través de él expresan sus necesidades insatisfechas (es decir, que los bebés ya nacen “llorando para todo”, no hace falta que nosotros les enseñemos) : si el bebé tiene hambre o sueño y no tiene el pecho cerca, llorará; si le duele la tripita, llorará; si se asusta por algún ruido fuerte y está solo, llorará; si necesita contacto físico (cariño) y no lo recibe, llorará. Sin embargo, si el bebé tiene ese contacto habitualmente y se encuentra tranquilo y satisfecho, llorará mucho menos. De este modo, es un hecho comprobado que los bebés que son acunados, masajeados, alimentados, cogidos y llevados en brazos habitualmente suelen llorar bastante menos (a no ser que sean muy temperamentales) que aquellos que pasan largos periodos de tiempo solos en sus cunas (hasta un 43% menos durante el día y un 51% menos por las noches, por lo que además duermen y descansan más y mejor).
Pero no todo el desarrollo durante esta primera infancia se debe a las bondades de “ser transportado”. A medida que van creciendo, los bebés necesitan también ejercitar su musculatura y sus neuronas de diversas formas: primero tumbados en el suelo, después volteados, más adelante sentados, etc… De ahí que también sea importante que los pequeños tengan la oportunidad de moverse por sí mismos y descubrir el mundo que les rodea. Encontrar los momentos más adecuados para dejar al bebé en el suelo (nunca sobre la cama ni encima del sofá) será fácil si nuestra intención es que crezca, haga ejercicio y experimente otras sensaciones sobre su propio cuerpo, siempre bajo nuestra atención y estímulo.
Es habitual que los niños que han sido llevados en brazos durante los primeros meses y cuya maduración neurológica es buena, pidan espontáneamente ser dejados en el suelo en cuanto se sienten fuertes y válidos para independizarse (alrededor de los nueve meses). Algunos querrán estar sentados jugando, otros se empeñarán en gatear y no querrán saber nada de los brazos durante la mayor parte del día, mientras que otros querrán caminar directamente, requiriendo más implicación de los padres (que tendrán que llevarlos de la mano durante el periodo de deambulación) hasta que lo hagan solos.
En cualquier caso, el hecho de estar en brazos cuando el bebé lo necesite y dejarlo en el suelo cuando pida (que será cada vez más a menudo) parece ser la forma más natural, fácil, barata y gratificante (para padres e hijos) de estimular a los niños y darles cariño… ¿no es estupendo?
Las muchas ventajas de coger al bebé en brazos
Diversos estudios demuestran que los bebés que pasan más tiempo en brazos y son acunados con regularidad ganan peso antes, se muestran más resistentes a las enfermedades y lloran menos (y no digamos si encima son criados con lactancia materna a demanda).
Los recién nacidos tienen el sentido del equilibrio muy desarrollado y son muy sensibles al movimiento , de modo que el vaivén de los brazos le recuerda al recién nacido los movimientos que sentía dentro de la tripita de mamá cuando esta iba de aquí para allá y eso le tranquiliza; además, el ser cogido en brazos facilita la digestión y la expulsión de los gases (con lo cual hay menos cólicos) , favorece la circulación sanguínea y beneficia al sistema respiratorio.
Por otro lado, el contacto físico con el bebé durante las primeras semanas de vida (su olor, su carita, sus sonidos..) estimula la secreción materna de una serie de hormonas (prolactina y oxitocina, entre otras) que son fundamentales para que la madre se sienta tranquila y segura, además de permitirle estar más atenta a las necesidades del bebé (porque el sistema biológico de la madre permanece “activado”) : esto favorece, por un lado, una mejor conexión y comprensión del recién nacido y, por otro, previene la temida depresión postparto .
Los niños cargados en brazos acostumbran a ser más independientes y tener mayor autoestima, ya que se han sentido amados y atendidos por sus padres desde el primer momento, lo cual les proporciona una gran sensación de seguridad y tranquilidad. Por ejemplo, situaciones que podrían parecerle peligrosas si estuviera solo en su cuna, como ruidos fuertes o luces estridentes, dejan de serlo al notar que su porteador está tranquilo y cerca.
Cuando el niño está en brazos también dispone de un campo de visión e interacción mucho mayor que cuando no lo está, de modo que el simple hecho de ir sobre un adulto ya le proporciona al bebé una gran estimulación y experiencias que de otro modo no podrá tener. Por ejemplo, desde esa altura y posición el bebé puede elegir si mirar a su mamá (o papá) o a cualquier otro lugar en unos 180 grados. Además, cuando el adulto habla con otros adultos el bebé forma parte de la conversación, está más involucrado en el mundo que le rodea y permanece más atento a los gestos, matices de las voces y relaciones entre las personas. El bebé “participa” con su presencia activa de la vida social y familiar que le rodea, lo cual contribuye a que se integre rápidamente en la comunidad y establezca unos vínculos con los que le rodean sanos y seguros (de la mano de sus padres).
Por último, es más cómodo para los padres a la hora de realizar un sinfín de tareas habituales, tanto en casa como fuera de ella. Con el bebé en la mochila o bandolera se puede barrer, hacer la cama, poner la lavadora o la mesa, sin tener que estar moviendo el moisés de una habitación a otra o estar “enchufados” al intercomunicador todo el día. También se puede acceder al metro o al autobús sin inconvenientes (con el carrito no siempre se puede), visitar una exposición , un museo… subir y bajar escaleras o dar un paseo por la playa . Y más aún: se puede ver la tele, leer un libro, bailar, dar el pecho o hablar por teléfono con la mejor compañía posible…
Cuando no se puede
Quizá uno de los inconvenientes más habituales a la hora de cargar al bebé son los problemas de espalda, que pueden ser previos al nacimiento o generados precisamente por el creciente peso del niño.
A medida que el pequeño va ganando kilos es fundamental ir corrigiendo no sólo las posturas para cogerle y llevarle (mucho cuidado, por ejemplo, al agacharse para levantarle, siempre flexionando las piernas y con la espalda recta y vertical… o cuando empiezan a dar los primeros pasos, que tendemos a encorvarnos y la zona lumbar sufre mucho) , sino también los métodos para llevarle (habrá que elegir métodos que distribuyan bien el peso del bebé sobre el cuerpo de la madre o el padre, como las bandoleras o mochilas portabebés).
Si tenemos en cuenta que durante el embarazo la mamá cargó con un mínimo de diez kilos más sobre sus espaldas y pudo hacerlo, no hay razones para pensar que no pueda cargar de vez en cuando con un bebé de cuatro o cinco kilos si lo hace de la forma correcta y la mamá está sana.
En los casos en los que hay lesiones de espalda previas, no hay por qué renunciar a coger al bebé en brazos estando sentada o tenerle bien cerquita tumbados en la cama o en el sofá: bastará con no levantar su peso para poder disfrutar juntos de la cercanía física y sus beneficios.
Otra dificultad bastante común a la hora de llevar al bebé en brazos es cuando hay más de uno. O bien porque ha habido un parto múltiple (cada vez más habitual gracias a las técnicas de fecundación asistida) o porque hay varios hermanos, muchas son las mamás que comentan que no pueden atender a todos como quisieran. En estos casos lo mejor es contar con la ayuda de familiares, amigos (o una niñera si se puede) para que, al igual que echan una mano con las compras, las papillas o los juegos de los pequeños, lo hagan también para cogerlos de la manera que a nosotros nos gustaría. En cualquier caso, cuando hay varios hijos, los papás y mamás suelen establecer una especie de “prioridades” (variables diariamente) en base a su intuición y conocimiento de los peques, que asegura que todos se sientan queridos, estimulados y atendidos en su momento (además de que el contacto constante y directo entre los hermanos es también muy estimulante y suelen estar muy acompañados entre sí).
Método Canguro para niños prematuros:
Los primeros en presentar este método fueron los doctores Rey y Martínez en Bogotá (Colombia), donde se desarrolló como alternativa a los cuidados en incubadora de los recién nacidos prematuros que habían superado dificultades iniciales y necesitaban alimentarse y crecer. El método es simple pero tremendamente eficaz y útil: consiste en mantener a los bebés en contacto constante, piel a piel, con su madre (mediante el uso de una bandolera o fular, habitualmente).
La investigación y la experiencia demuestran que este contacto temprano equivale a la atención en incubadora en cuanto a seguridad y protección térmica. Pero además, facilita la lactancia materna (lo que redunda en una mejor salud del bebé) y potencia los vínculos entre madre e hijo, fundamentales para una buena recuperación y un buen desarrollo de éste.
Sistemas, instrucciones de uso y precauciones:
. En brazos: Con unas mínimas precauciones (sujetar y proteger su cabecita cuando aún no la sostiene, evitar zarandearle o moverle con brusquedad, llevar las uñas cortas para no arañarle, no apretarle demasiado..), en seguida nos sentiremos seguros con el bebé en brazos. Se le puede coger con un solo brazo (cuando haya práctica), boca abajo (con la tripita reposando sobre nuestra mano extendida, ideal para calmar cólicos) o en posición vertical (con una mano bajo su culito y otra en la cabeza), todo es cuestión de práctica y de gustos (los del bebé y los nuestros).
. Bandoleras: Son muy útiles para amamantar al bebé en cualquier circunstancia (por su discreción) y además son muy versátiles (se pueden poner de formas muy diferentes, con el niño recostado o sobre la cadera, de frente o de espaldas…) y no cargan tanto la espalda como otros sistemas. Permite tener ambas manos libres (aunque siempre hay que estar atentos) y los niños van comodísimos. A la hora de cocinar o comer hay que tener sumo cuidado para que nada caliente pueda herir al bebé. Son ideales para llevar en casa o en el parque y también es el sistema de elección para los bebés más pequeños que aún no sujetan la cabecita.
. Mochilas portabebé: Son también muy útiles, especialmente para largas caminatas o paseos “todoterreno” ( un paseo por el campo, o al centro de la ciudad, por ejemplo). Algunas permiten llevar al niño tanto delante como detrás (en la espalda). En el mercado las hay ergonómicas (son las mejores) y con protecciones lumbares (hasta con capota para el sol) y eso si, siempre hay que leerse las recomendaciones del fabricante y seguir las normas de uso y seguridad que éste recomiende en cada caso.El Mei-Tai es una variante de la mochila. Tremendamente versátil y cómodo de transportar, está realizado en tela y se puede llevar al bebé tanto delante como detrás.
. Fulares: Son parecidos a las bandoleras pero, en este caso, al ser más largos, se puede repartir el peso entre los dos hombros. Permite muchas combinaciones diferentes (para llevar al bebé de muchas formas distintas) y es un buen sistema para largas caminatas pues el peso del niño queda muy bien repartido sobre su porteador. Las precauciones son las mismas que para las bandoleras.
4 comentarios:
Me súper encantó... ojalá lo lea mucha gente acá y en la revista. :)
que bueno tocaya! un lujo! tambien tengo un blog donde publico temas de crianza : www.panzaycrianza.blogspot.com
Besos! te sigo leyendo!
Es un artículo estupendo, sobretodo para los que nos encantan los niños y trabajamos con o para ellos; me ha gustado como utilizas la ilustración.
Me hubiera gustado que me avisases del uso de mi trabajo para ilustrar tu artículo, siempre que piden mi consentimiento lo doy sin problemas, más aun para algo tan bien echo, pero...
¡Felicidades! y Saludo;)
Gustavo, siempre pido permiso para utilizar las ilustraciones y tú no fuiste una excepción. Hace tiempo te envié un email...
Gracias por los elogios, aprovecho para poner un link a tu site.
Un abrazo y mil gracias!
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