
El maltrato siempre tiene una resonancia emocional
Es importante señalar un estudio realizado por Enrique Gracia y Gonzalo Musitu (Universidad de Valencia, 1994) sobre la conceptualización empirica del maltrato. Los resultados obtenidos en dicho estudio apoyan contundentemente el planteamiento de que el maltrato emocional está presente en todas las categorías de maltrato y, por tanto, puede considerarse una característica central del maltrato infantil en sus distintas expresiones, desde las más leves (silencios, etc..) hasta las más graves.
Los malos tratos físicos tienen consecuencias que van mucho más allá de las estrictamente físicas y que alcanzan sin lugar a dudas el dominio de lo emocional.
¿Cómo se construye una persona? La pirámide del desarrollo.
En esta charla estamos hablando de personas (nuestros hijos) que están en un momento de la vida en el cual se está construyendo la base de toda su vida futura. Estamos en un periodo de construcción, concretamente de construcción de los cimientos que organizarán toda la experiencia psíquica de los individuos adultos que serán nuestros hijos.
Estos cimientos se van creando y construyendo de la siguiente manera:
Ya hemos visto que existen suficientes argumentos, investigaciones y testimonios que justifican el hecho de que proporcionar buenos cuidados y buen trato es tan indispensable para la supervivencia como otras funciones vitales como comer o dormir.
Para un bebé recién nacido, los lazos de apego son sinónimo de supervivencia: el ser humano nace predestinado a establecer vínculos de apego con otro ser humano (la madre habitualmente) como forma de supervivencia física (porque de ella recibe alimento y cuidado) y emocional (porque las figuras de apego organizan la experiencia del niño y eso es lo que le permite madurar cognitivamente).
El niño se aferra al adulto porque le necesita para sobrevivir, independientemente de que el trato que el adulto le de sea el adecuado o no. La observación clínica ha demostrado con creces que prácticamente todos los niños maltratados por sus padres desarrollan, sin embargo, lazos de apego hacia ellos.
Por tanto, los vínculos afectivos y las relaciones de apego juegan un papel central en la construcción de la identidad de la persona y en su desarrollo emocional. Son la base de la pirámide del desarrollo. Sin esos vínculos, sin relaciones de apego, no hay desarrollo.
A su vez, la configuración de los afectos es el filtro por el que se recibe toda la información básica para su desarrollo cognitivo, que es fundamental en el desarrollo de la persona y sus relaciones sociales.
Así pues, desde el desarrollo afectivo se construye el cognitivo y gracias a ambos es posible un correcto desarrollo social, pieza clave de la felicidad adulta.
El maltrato que viene de los progenitores entra en la base de la pirámide
Uno de los aspectos clave a tener en cuenta es el hecho de que el castigo físico, en este caso, es una forma de violencia empleada por las personas que han establecido vínculos afectivos con el niño, de modo que son formas de violencia que entran directamente a la base de la pirámide, con un impacto muy superior al que pueda tener para el niño el presenciar o recibir formas de violencia que provengan de su entorno y comprometiendo todo el desarrollo del niño a distintos niveles.
Tomando como ejemplo el testimonio de Sonia, una niña de catorce años golpeada durante años y relatado en el libro “El dolor invisible de la infancia” (Jorge Barudy, 1998. Ed. Paidós): “Lo que más me duele no son los golpes, no es solamente el hecho de ser golpeada, es el hecho de que sea mi madre quien lo hace”. Los sentimientos de un niño o una niña de dos, tres o cuatro años no son muy distintos a los de Sonia, aunque pueda parecernos que lo son. De hecho, los niños más pequeños son aún más vulnerables y sensibles, lo que nos puede dar una idea del impacto emocional que tienen en ellos las conductas de este tipo y concretamente el tipo de dolor que sienten y por qué lo sienten.
El binomio amor-violencia
Si la violencia proviene de los modelos afectivos básicos, el binomio amor-violencia pasa a formar parte de los elementos constitutivos de la personalidad del niño de hoy (adulto mañana) como un modelo de relación en el que es posible, normal y tolerable el ser agredido o maltratado por aquellas personas que uno ama.
Creo que no hace falta decir las consecuencias que para la vida adulta puede llegar a tener el binomio amor-violencia como parte integrante de la afectividad básica del individuo (desde convertirse en víctimas potenciales de violencia de género, pasando por convertirse en maltratadotes tanto de su propios hijos como de sus parejas).
ilustración: José Luis Merino.
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